curso de autoconfianza


          

                                                                   Clase 1:      ¿Qué es la autoconfianza?

                                                                   Clase 2:      Enemigos naturales de la autoestima

                                                                   Clase 3:      Temor al rechazo

                                                                   Clase 4:      Temor a perder un amigo o una persona amada

                                                                   Clase 5:      Temor al fracaso

                                                                   Clase 6:      Temor a las personas

                                                                   Clase 7:      Párate derecho/a

                                                                   Clase 8:      Camina más rápido

                                                                   Clase 9:      Estrecha las manos con firmeza

                                                                   Clase 10:   Contacto ocular

                                                                   Clase 11:   Cambia tu diálogo interno

                                                                   Clase 12:   Establece objetivos

                                                                   Clase 13:   Sonríe e intenta pensar algo negativo

                                                                   Clase 14:   Afirmaciones diarias

                                                                                                                                  Qué es la autoconfianza?.

Hoy es uno de esos días en los que tienes que hacer una presentación a un cliente importante.

Se trata de una gran oportunidad para la empresa y para ti,

ya que tendrás la posibilidad de mostrarte en todo tu esplendor ante tu jefe.

Cuando la jornada haya terminado, podrías haber conseguido un ascenso o una mejora en el sueldo.

Claro que primero deberás pararte frente a todos esos ejecutivos y hacer tu proposición,

y deberás evitar que la falta de confianza en ti mismo/a se lleve lo mejor de ti.

Llegado el momento, permaneces sentado en la sala de reuniones mientras tu jefe te presenta a los posibles clientes.

 Lo hace con tanta soltura que te sientes ligeramente intimidado/a.

¿Por qué tú no puedes desempeñarte con esa fluidez frente a los demás?

Se hace un silencio y todas las miradas están en ti. Te pones de pie, y aclaras la garganta,

y que Dios te bendiga.

A decir verdad, no deberíamos meter a Dios en todo esto. Definitivamente, Él no te ha robado tu confianza.

Él no te ha robado lo que te falta para cautivar a todos y ganar el partido.

¿Es la capacidad de habar en voz alta para capturar la atención de las otras personas?

¿Tiene que ver con la vestimenta adecuada para una ocasión determinada?

La autoconfianza es una actitud que se caracteriza por la creencia positiva

de que uno puede asumir el control de su propia vida y de sus propios planes.

Las personas que confían en sí mismas son aquellas que reconocen su capacidad de hacer ciertas cosas

y luego proceden a hacerlas. Ellos no confían en la aprobación de los demás en vistas de reafirmar su existencia.

Estos individuos saben que tienen la capacidad y el potencial de hacer algo, y tienen las agallas para hacerlo

sin pensar en lo que los demás vayan a decir. Las personas que confían en sí mismas

sacan provecho de las oportunidades que se cruzan en sus caminos.

Factores para ganar confianza
Si bien el proceso para construir la autoconfianza se inicia en la niñez,

un adulto puede conseguirla a través de su determinación y a través del apoyo de su familia y sus amigos.

Apoyo de los padres y aceptación
Las personas comienzan a desarrollar la confianza mientras crecen.

El rol de los padres en instalar un sentimiento de confianza en los chicos es muy importante.

Los padres que siempre son críticos de sus hijos deben saber que están socavando

 el desarrollo de la confianza que estos chicos tendrán sobre sí mismos.

Por su parte, lograrán generar autoconfianza aquellos padres que siempre

están dispuestos a apoyar y alentar a sus hijos a que den un paso más.

Los padres que hacen sentir a sus hijos amados y aceptados a pesar de sus imperfecciones

 seguramente triunfarán en la tarea de generar autoconfianza.

La falta de confianza no es proporcional a las habilidades de la persona. De hecho,

hay individuos extremadamente talentosos y capaces pero su falta de confianza les impide dar prueba de ello.

Si te encuentras intentando ganar confianza en ti mismo, entonces deberás hacer cosas que te ayuden a ganarla.

Identifica tus fortalezas y debilidades y capitalízalas. Haz uso completo de tu fuerza y aprovecha tus virtudes.

De esta manera lograrás ganar confianza. No esperes que todo salga a la perfección

 ya que todos podemos equivocarnos de vez en cuando. Nadie es perfecto y, de seguro,

cometerás errores en tu largo camino hacia la autoconfianza plena.

Aprende a reconocer tus habilidades y tus talentos y disponte a hacer uso de ellos.

Nunca te subestimes. Intenta reconocer cada pequeña cosa que hayas hecho

y que haya dado resultados positivos. Intenta aprender nuevas habilidades,

mantén una avidez constante de conocimientos, y no sólo conseguirás autoconfianza sino que serás una mejor persona.

Busca aquellas cosas que te hacen sentir bien contigo mismo/a.

Pueden ser fotos de logros pasados, de cuando ganaste una carrera o un debate;

puede ser un poema que hayas escrito y que haya salido publicado en un libro.

Concéntrate en tus logros y comienza a construir a partir de allí.

Esto de dará la confianza necesaria para hacer otras cosas en la vida.

Desarrollar autoconfianza no es sencillo, sobre todo cuando no tienes una gran estima por ti mismo/a.

 Pero si quieres lograrlo, deberás evitar todo aquello que te aleje de tu objetivo.

No te debatas en los errores y las fallas del pasado, o sólo lograrás sentirte insignificante.

Ser un derrotista no es la mejor manera de conseguir un empujón anímico.

Incluso mejor, concéntrate en las cosas positivas que has hecho

y logrado y has de ellas tu fuente de inspiración. Con el tiempo,

 tendrás mayor fe en ti y, con un poco de suerte, también más confianza.

A continuación, vamos a echar un vistazo más profundo a la falta de confianza

y desarrollaremos algunas ideas y sugerencias concretas que puedas poner en práctica en tu vida diaria.
                                                                

                                                          Enemigos naturales de la autoestima.

 

Definitivamente, el temor es el enemigo natural de la confianza. La autoconfianza es generalmente descripta como la habilidad de un individuo de tener fe y de creer en sus habilidades. Según el pensamiento moderno de la psiquiatría, cuando alguien tiene una gran confianza en sí mismo el resultado natural es una gran autoestima.

La autoestima es el valor que cada uno se da a sí mismo. Es la medida del propio valor como persona, de acuerdo a las conductas del individuo. Asimismo, se dice que es el respeto y la adoración que una persona se tiene sobre la base de las creencias de qué y quién es como ser humano. Esto afecta profundamente los sentimientos que el individuo tiene sobre sí mismo, sobre su vida, sobre sus relaciones, y eventualmente determinará sus acciones o su manera de enfrentar las situaciones.

El progreso y el crecimiento de la autoconfianza comienzan con un examen adecuado. La mente debe ser inspeccionada de manera que se identifiquen las inclinaciones nocivas, que se eliminen las debilidades, y que se pueda encontrar un patrón adecuado de pensamiento y conducta.

Según distintos estudios, el temor es el peor enemigo de la confianza de un hombre. Estos estudios afirman que el “pensamiento del temor” es una enfermedad que puede ser detectada e identificada. Por lo general, surge de un patrón mental corrompido, en el que se permite a la mente debatirse largamente sobre pensamientos dubitativos, ineficiencias, y fallas. Este poder será cada vez mayor, sobre todo cuando se le permita actuar libremente, y llegará a afectar la vida de la persona en menor o mayor grado en cada una de sus decisiones y emprendimientos.

La ignorancia es la causa básica y primigenia del temor, y suele darse cuando uno no es consciente de “su verdadera naturaleza”. Un estudio ha demostrado que cuando una persona ha descubierto la infinita e indestructible “naturaleza de su alma”, entonces ya no hay forma de que sienta miedo. Sin embargo, están aquellos que no pueden o no quieren aceptar esto, y en consecuencia se sienten apartados, vulnerables, susceptibles, y aislados.

El temor a uno mismo se manifiesta de varias maneras. Puedes expresarlo en forma de timidez, inseguridad, pudor, y en forma de una importante necesidad de autoconfianza.

Éstos son algunos factores que pueden contribuir a acrecentar el temor:

1. Cuando nos sentimos separados, el miedo aumenta. Es un hecho que uno no teme a aquello que le resulta familiar (ya sea que hablemos de personas o ambientes). El temor sobreviene cuando aparece un sentimiento de extrañeza, que deja en evidencia una sensación o impresión general de sospecha o recelo.
2. El apego a individuos o posesiones materiales asociados a la seguridad de uno hace que temamos la posibilidad de perderlos, de modo que haremos lo que sea por proteger esas relaciones y esas posesiones.
3. Los entornos extraños y las personas poco familiares hacen aflorar temor. Las situaciones que no nos resultan familiares amenazan nuestra seguridad y, generalmente, uno reacciona con extrema precaución y, a veces, con actitudes defensivas.
4. La memoria negativa de las experiencias pasadas en las que uno ha sufrido o ha sido testigo de pérdidas, daños o muerte, agrava el temor. El subconsciente guarda recuerdos del pasado y, en ciertas circunstancias, éstos son traídos al presente.
5. En algunas oportunidades, la imaginación puede crear o inventar imágenes de problemas, sufrimiento, o dolor fuera de la realidad física. Cabe señalar que la imaginación nunca es negativa, sin embargo cuando se la usa mal y en forma abusiva, puede generar temor dentro del individuo.

Combate tus temores desarrollando la autoconfianza. A continuación, algunos consejos:

• Pon énfasis en tus fortalezas. Concéntrate en lo que eres capaz de lograr y recompénsate por tu coraje y tu voluntad en lugar de concentrarte en los resultados. Partir de la base de cosas que eres capaz de hacer en lugar de pensar en lo que deberías estar haciendo te ayudará a vivir y a trabajar dentro de tus limitaciones.
• Háblate a ti mismo. Examínate y practica cómo manejar las situaciones y aprende a contrarrestar las negativas. Aprende a detenerte cuando encuentres que tus procesos mentales están haciendo presunciones negativas. Por ejemplo, cuando estés en búsqueda de la perfección, dite que no todo puede hacerse en forma perfecta. De esta manera, podrás creer en ti mismo/a al tiempo que comienzas a transitar el camino que te lleva al perfeccionamiento personal.
• Evalúate. Practica cómo evaluarte en forma independiente. Esto te permitirá evitar esa sensación persistente de confusión que sobreviene cuando confías plenamente en las opiniones y juicios de los demás.
• Asume esos riesgos. Cuando enfrentas y aceptas las experiencias como instrumentos de aprendizaje en lugar de considerarlas posibilidades de ganar o perder, las nuevas oportunidades se presentarán más facilidad, y esto puede desarrollar una sensación de aceptación y confort en tu interior. Recuerda, la autoconfianza puede ser desarrollada, no heredada. El temor puede ser superado porque tú tienes la confianza y la fe necesarias para hacerlo.

                             Temor al rechazo.

El temor al rechazo puede conducir a un círculo vicioso de negación.

Mariana, una especialista en marketing de uno de las mayores tiendas de su ciudad, ofreció su mano a un cliente y luego se puso de pie y salió de la habitación con la cabeza en alto. Ella se sentía tan victoriosa después de cerrar un trato por un millón de dólares con el principal sponsor de la tienda que había acordado soportar los gastos publicitarios de la nueva campaña publicitaria. Ella podía sentir una voz cantando en su interior mientras subía al auto y encendía el motor.

Para el espectador desprevenido, Mariana es una de las tantas mujeres exitosas en este mundo; una mujer que no se detendrá ante nada con tal de conseguir lo que quiere. Esto es cierto. Sin embargo, esta misma descripción no podría atribuirse a Mariana de haber sido hecha diez años atrás. En ese entonces, ella acababa de salir de la universidad y su único objetivo era complacer a todo el mundo por miedo a ser rechazada.

Desde luego, todavía quedan algunos vestigios de la antigua Mariana, guardados en el placard de su casa, y ella ha decido guardarlos para que todos puedan aprender de su experiencia.

Como decíamos, Mariana había salido de la universidad y era presa de un miedo irracional —ella creía no estar haciendo lo correcto y temía no ser aceptada por lo que era en verdad—.

En su interior, Mariana se sentía hermosa y talentosa, pero cuando debía enfrentarse con todas esas mujeres con mayor experiencia en la vida y en la profesión, comenzaba a sentirse insegura y terminaba imitando todo lo que ellas hacían —e incluso cómo vestían—.

El temor al rechazo puede haber sido parte de tu vida en algún momento u otro. Puede ser generado por nuestro miedo a estar o vivir en soledad, por la excesiva dependencia a la percepción que los demás tienen de nosotros, por la falta de confianza y la incapacidad de controlar nuestras propias vidas.

El temor al rechazo es un estado de mente que hace que la persona se sienta inepta, insuficiente, desamparada, y despreciable. Asimismo, hace que las personas se inhiban a la hora de decir o hacer por el temor a que los demás no vayan a aceptar o —incluso peor— desaprueben sus acciones o palabras.

Una persona que está tan pendiente y preocupada por lo que los demás piensen de ella podría hacer de su vida un mar de miserias si no encuentra la forma de expresar sus sentimientos y de hacer lo que está —o estaba— acostumbrada a hacer. El temor al rechazo puede paralizar a una persona y hacer que se vuelva completamente improductiva.

La singularidad de una persona desaparece en el momento que pone un énfasis primario en lo que los demás quieren que sea. Una persona demasiado interesada en complacer a los demás comenzará a emular los comportamientos de otras, desde la manera en que vistan hasta la forma en que se comportan en sociedad.

Esto suele darse particularmente en la gente joven, que reclama atención y aceptación pero que no tiene la base suficiente para lograr una auto-aceptación. Claro que esto va en detrimento del crecimiento de cualquier individuo, ya que no queda espacio para su propia expresión. Todo es negación del yo. Todo pasa por satisfacer a los demás.

Podemos caracterizar de la siguiente manera a una persona que teme ser rechazada:

• Una persona que actúa sin confianza: una persona que no está segura de sí misma tenderá a imitar a los demás y evitará probar nuevas cosas. Tal falta de confianza hará que está persona sea amarga e infeliz.
• Una persona que guarda su opinión: Una persona que no hace referencia a su percepción de las cosas puede estar teniendo problemas con el rechazo. Posiblemente, no quiera vociferar su opinión por miedo a las críticas que ésta habría de generar.
• Una persona que suele estar deprimida: alguien que no tiene la libertad de hablar por cuenta propia y de expresar sus deseos no tardará en caer deprimida, y pronto perderá también el amor por la vida. Esta gente suele actuar como un robot a control remoto, y no puede tomar sus propias decisiones.
• Una persona confundida sorbe su verdadera identidad: alguien que tiene temores de ser rechazado terminará confundido acerca de quién es realmente. Esto conducirá a una crisis de identidad y lo hará sentir enojado consigo mismo y con otras personas, a quienes maltratará sin razón aparente.
• Una persona con ausencia de autoestima y de autovaloración: este individuo da más importancia a lo que otros piensan de él. Definitivamente, no es alguien que tenga mucha fe en sí mismo. Esta falta de autoestima puede ser consecuencia de sentimientos de rechazo instaurados en él por familiares o amigos.

Una persona que teme al rechazo será, finalmente, rechazada por las personas a quienes desea complacer y a quienes ama. Una persona que tiene la tendencia de complacer a los demás pronto se encontrará sumida en el círculo del rechazo. Su comportamiento hará que las personas que ama se alejen. Él o ella verá esto como un rechazo y luego el ciclo continúa y continúa.

Temor a perder un amigo o una persona amada.

Cómo tratar el temor de perder a una persona amada.
Sabrina se despertó bañada en un sudor helado, con los recuerdos frescos de la pesadilla que acababa de tener.

Ella estaba siendo asediada nuevamente por esos sueños espantosos. No obstante, esas pesadillas podrían haber sido algo más que eso, ya que también la acosaban mientras se hallaba despierta.

Esta vez, ella se encontraba corriendo a una persona familiar que luego caería desde un profundo barranco. En todos sus sueños, ella era la heroína que hacia cuanto estaba a su alcance para evitar que esta persona cayera. La parte graciosa es que ella nunca podía ver su cara.

Los psicólogos podrían interpretar el sueño de Sabrina como una manera de expresar sus temores más profundos en la vida. Ella se encargó de dejar en claro que uno de sus mayores temores en la vida era perder a sus seres más cercanos y queridos.

El temor de perder a alguien amado es normal y común para la mayoría de nosotros. Este temor tiene su origen en el miedo a estar solo en el mundo y en el miedo a no ser capaz de soportar la idea de ser el que ha quedado atrás.

Pensar en la posibilidad de perder a alguien que amas es devastador, hiriente. Puede que hayas invertido buena parte de tu tiempo y tus sentimientos en esa persona, y la simple idea de perderla te sume en un estado de pánico.

Existen diferentes categorías de personas hacia quienes podemos sentir gran afecto. El temor de perder a cualquiera de estas personas puede ser traumático para un individuo, especialmente si él o ella ya ha experimentado una pérdida importante, como un divorcio o la muerte de un ser amado.

Una persona puede temer la pérdida de su esposa, de sus padres, de sus hijos, de sus parientes, de sus amigos, o de cualquiera que esté cerca de su corazón. Este temor puede ser causado por varios factores, como:

• Divorcio o separación: alguien que recientemente ha atravesado un divorcio o una separación puede ser presa de un proceso de ansiedad debido al estrés ocasionado por la difícil transición. No es fácil para una persona vivir con su esposa durante un tiempo y separarse luego de ella. Los procesos de divorcio suelen ser hostiles y polémicos, por lo que es habitual que quede un mal sabor en la boca una vez terminados. De la misma manera, una persona que está a punto de separarse o divorciarse también puede ser víctima del estrés.
• El nido vacío: una madre de tiempo completo puede sentirse deprimida al darse cuenta de que sus hijos están creciendo y haciéndose cada vez más independientes. Esta ansiedad parte del pensamiento de que por varios años ella era necesaria para sus hijos, y ahora ellos pueden manejarse sin ella, y en consecuencia pronto no la necesitarán. Una madre que ha experimentado este temor de perder a sus hijos debería intentar tener una vida social más activa, ya sea buscando un empleo o practicando algún hobby que le permita estar ocupada. La sensación de inutilidad es natural, pero debes la manera de combatir este temor haciéndote útil en algunas otras maneras. Además, ¿por qué no ver la situación desde otro punto de vista? ¿Por qué no aceptar el hecho de que has educado tan bien a tus hijos que ahora ellos están listos para vivir sus propias vidas? Ahora, es tiempo de que ellos caminen solos, sin la ayuda de mamá.
• Muerte en la familia: una muerte en la familia o en tu círculo de amigos siempre nos hará pensar en lo fugaz que puede ser la vida. Esta comprensión, a veces excesivamente cruda, se manifestará en forma de miedo a perder a alguien amado a raíz de una enfermedad o muerte repentina. La muerte es inevitable y harás bien en hacerte algo de tiempo para la gente que amas. Si ya pasas el tiempo suficiente con ellos, entonces puedes avocarte a mejorar la calidad del mismo.

El temor de perder a una persona amada siempre persiste. Uno nunca puede escaparse de este miedo porque existirán situaciones en la que deberemos pensar en la posibilidad de separarnos definitivamente de la gente que amamos. La posibilidad de perder a un ser querido es uno de los factores ciertos de esta vida, y nadie puede evitarlo. No obstante, uno puede suavizar los efectos de la muerte preparándose para dicha eventualidad

             

                                        Temor al fracaso.

No alcanzar el éxito, no satisfacer las expectativas impuestas es algo duro.

Fernando, cirujano de profesión, tenía sólo tres años de edad cuando aprendió que uno debía fracasar para aprender y esforzarse por alcanzar algo. Sin embargo, él no conocía dicha filosofía en aquel entonces, ya que era demasiado joven. Él comenzó a comprenderla cuando tuvo que enfrentar los fracasos en su vida personal y en su profesión.

Esta comprensión se vuelve borrosa, dado que los recuerdos de tan temprana edad son maltratados por el tiempo. Sin embargo, lo que él recuerda es estar luchando duro por aprender a andar en bicicleta. Su madre y su padre le compraron una bicicleta demasiado grande para su edad, y entonces él tenía dificultades para utilizar los pedales.

Así y todo, Fernando continuó intentándolo día tras día, a veces fallando por ni siquiera poder alcanzar los pedales con comodidad. Si bien su bicicleta tenía frenos de mano, él se recuerda inclinándose constantemente y frenando con los pies. Finalmente, su frustración rindió frutos porque después de semanas de práctica diaria, aprendió a andar y entonces ya no dejó de dar vueltas por todas partes.

Una lección tan sencilla como ésta, protagonizada por un niño, puede enseñar mucho a un adulto. Nuestra sociedad puesto tanta importancia en la idea del éxito que el fracaso se ha convertido en una palabra sucia, que debe ser evitada a cualquier costo. Algunos confían en el pensamiento positivo para mantenerse al margen del fracaso. Si bien esto ayuda, también puede hacer que alguien crea que nada puede salir mal, creando una falsa sensación de seguridad.

El fracaso puede ser un trago verdaderamente amargo, pero todos debemos tomarlo de vez en cuando. Sin embargo, como la experiencia de Fernando nos ha enseñado, no es el hecho de haber fallado lo importante, sino la manera de aceptar el fracaso y aprender a partir del mismo.

Una persona puede dejarse apabullar por el fracaso, o puede usar dicha experiencia para ganar determinación y escalar otras montañas. Lo importante es que la experiencia de fracaso no sea en vano, es decir que la persona que fracasa haya aprendido algo de todo eso.

Aquellos que temen al fracaso deberían saber que las personas más exitosas lo han probado una o varias veces en sus vidas. No obstante, lo que hizo la diferencia es la forma en que ellos aprendieron del fracaso; cómo pudieron usarlo para triunfar en la vida. La verdadera falla está en no intentarlo de nuevo una vez que el fracaso ha tenido lugar, desde luego, por temor a volver a hacerlo mal.

El temor al fracaso crea ansiedad debido al miedo de no saber y no estar seguros de lo que ocurrirá a continuación. Con frecuencia, esto se convierte en un pequeño problema, que nunca se sabe dónde termina. Mientras más piense una persona en la posibilidad de fallar, mayor tiempo pasará sacando conclusiones e imaginando los posibles escenarios. Inconscientemente, su temor al fracaso ha convertido a un pequeño problema en algo mucho más grande y complicado.

Una persona que tiene miedo al fracaso puede ser muy competitiva, ya que a sus ojos, todas las personas y las oportunidades representarán posibles amenazas. Esto elimina toda posibilidad de goce incluso en aquellas situaciones simples y carentes de presión. Esta persona estará constantemente nerviosa y ansiosa. El sentimiento de presión generado por hacer más y por superar las fuerzas normales de una persona puede conducir a conductas erráticas y a un estado de cansancio general.

El temor al fracaso es una condición normal. Cómo lidias con él es lo que hace la diferencia. Lo mejor que puedes hacer para confrontar este temor es tomar la inspiración de ese árbol de bambú que se inclina cada vez que viene un gran temporal, para evitar partirse, y que luego vuelve a enderezarse cuando el viento se ha detenido.

En primer lugar, una persona debe aceptar que no es un ser perfecto —de hecho, nadie lo es—. Una persona tiene el derecho de errar y fallar, de modo que debes otorgarte otra y otra oportunidad para pelear tu lucha.

Procura tener siempre un grupo de apoyo al cual recurrir cuando las cosas se pongan demasiado rudas, de manera que no te sientas solo/a y rechazado/a. Las personas más exitosas confían en sus amigos y familias en aquellos momentos bajos de sus vidas. Otros confían en sus sueños de llegar a la cima.

Hagas lo que hagas, no permitas que el sentimiento de amargura se quede en tu interior ya que se agrandará cada vez más y terminará por arruinarte. Habla acerca de tus temores y tus frustraciones porque es la única manera de sacarlos definitivamente de tu sistema.

Quienquiera que haya dicho que el éxito es el fracaso que cambia repentinamente de rumbo, debe haber fallado una o más veces en su vida. Y, además, ¿cómo sabríamos que el fracaso no es más que éxito disfrazado?

                             Temor a las personas.

¿Cómo hacer para superar el temor a otras personas? ¿Qué es lo que te pone tan mal en los demás? Nélida es dueña de una voz capaz de hacer dormir a los ángeles. Ella tiene ese tipo de voz que es un bálsamo para los sentidos cansados, y que hace sentir a uno más relajado y feliz. Sin embargo, nunca una audiencia ha podido disfrutar de la voz de Nélida, ya que ella no tiene el coraje de cantar en público.

Ella lo intentó una vez, cuando todavía estaba en la escuela secundaria, pero lo único que le dejó esta experiencia fue vergüenza y dolor. Ella nunca podrá olvidar el incidente: de pie en el escenario, sosteniendo el micrófono, y la voz que no se dignaba a salir. Hasta unos pocos minutos antes, ella estaba feliz, pero la vista de toda esa gente hizo que su voz desapareciera.

A partir de esa experiencia humillante, Nélida nunca ha vuelto a cantar frente a otras personas. Y no es que le hayan faltado las oportunidades; simplemente no podría hacerlo, no frente a un auditorio. Su temor de actuar en público la ha incapacitado de por vida, o al menos es esto lo que ella creía.

El temor es una emoción fuerte generada por el conocimiento de un peligro expectante. De hecho, es la reacción de una persona a un peligro concreto o percibido. A veces, el temor de una persona actúa como un mecanismo de defensa.

Se cree que hay algo de hereditario en el temor, al igual que los chicos suelen heredar ciertos rasgos biológicos de sus padres. Estos rasgos pueden tener un efecto sobre cómo los químicos del cerebro de una persona regulan sus estados de ánimo y la forma de reaccionar ante las estimulaciones que generan miedo. Asimismo, los temores actuales de una persona pueden relacionarse a la conducta de sus padres; a cuán precavidos eran o a cómo reaccionaban ante el peligro.

El temor puede clasificarse en varios grados distintos, pero los más populares y comunes son la fobia, el pánico, y el terror. La fobia es un temor irracional y exagerado a una situación u objeto particulares. El pánico suele caracterizarse por una reacción histérica a ciertos estímulos. El terror, por otra parte, es el mayor grado del temor, y puede hacer que una persona se quede inmovilizada.

El temor de una persona hacia otras personas es conocido como Antropofobia, mientras que el temor a las personas en general o a la sociedad es conocido como Sociofobia. Un individuo que experimenta regularmente ansiedad o incomodidad en presencia de otra gente, podría tener esta clase de fobia. Aquellos que la padecen consiguen llevar una vida normal con algunos esfuerzos, aunque suelen evitar toda clase de eventos sociales. Esta fobia suele manifestarse en forma de miedo escénico (miedo de hacer algo frente a una audiencia).

Una persona que se asusta tendrá las palmas sudorosas, sentirá mariposas en el estómago, y experimentará sequedad en la garganta y la boca. Y también podría padecer ataques de pánico. Este temor puede tener serias consecuencias en la familia y en la profesión de un individuo. Un sujeto asustado, que no tiene control sobre sus temores, pierde su libertad de acción.

El temor a las personas puede ser una manifestación de la timidez o la falta de confianza que tiene un individuo. Una persona retraída evita encontrarse con otras personas porque se siente inferior a ellas. Alguien que no tiene confianza en sí mismo puede atemorizarse ante la idea de encontrarse con otras personas a quienes percibe como más importantes o capacitadas que él.

No obstante, hay algo de “normal” en esto de temer a la gente. Podríamos decir que es normal temer a personas con mayor poder que nosotros, o a personas que tienen una ascendencia moral sobre nosotros. Es también normal tener miedo a actuar frente a una audiencia, especialmente si no estás acostumbrado a ser el centro de atención.

Si bien la mayoría de estos temores son normales, una persona no deberá permitir que sus miedos tomen el control de su vida. Una persona debería reconocer estos temores, y debería hacer cosas para superarlos. De lo contrario, sus temores le incapacitarán de por vida.

Si tienes miedo a la gente en general, entonces intenta rodearte de gente más a menudo. Intenta en las grandes tiendas; son realmente buenas para caminar y rodearte de la sociedad. Intenta hablar con vendedores y vendedoras o con clientes que te resulten amigables. Habla de cualquier cosa; comenta la benevolencia del clima, las noticias recientes, u otros asuntos de relevancia para la comunidad.

Al mismo tiempo, podrás comenzar a relacionarte con los integrantes de tu comunidad, ya que te sentirás más a gusto a la hora de hablarles. Intenta hablar con alguien distinto cada día hasta que desarrolles el hábito de saludar a las personas que te cruzas por la calle. Un simple “buenos días” es suficiente para ayudarte a combatir tu timidez. Procura dar pequeños pasos y gradualmente experimenta hablando con grupos de personas.

No permitas que tu timidez gane la batalla. Posiblemente tengas tus temores, pero ¿acaso hay alguien que no los tenga? Es importante que sepas reconocer tus miedos y que hagas algo para vencerlos.

 

 

                           Párate derecho/a.

                                              Destácate con una postura de confianza.

El lenguaje corporal dice muchas cosas, incluyendo el nivel de confianza que tenemos en nosotros mismos. A autoconfianza o la falta de la misma puede manifestarse de varias maneras, una de las cuales es la postura corporal.

La postura corporal es, al final de cuentas, la forma en que uno se lleva a sí mismo. Puede ser una base para hacer una primera y buena impresione, que es, generalmente, la imagen que queda de una persona en los ojos de otra. Causar una primera buena impresión puede ser muy beneficioso. Tomemos el ejemplo de las entrevistas laborales: la mayor parte de las entrevistas finales terminan en 20 segundos. Desde luego, la entrevista puede tomar una o dos horas, pero el veredicto se ha tomado segundos después de que el candidato entrara a la sala. Una persona es evaluada por sus gestos, por su lenguaje corporal, y por su postura.

Cuando alguien está erguido, emana una imagen poderosa de autoconfianza. Tener una buena postura es una forma segura y rápida de causar una buena primera impresión.

Entonces, ¿qué es una postura correcta? Es un esfuerzo consciente por mantener tu cuerpo alineado contra su centro de gravedad. Es una postura en la que existe un equilibrio músculo-esquelético. Una persona con una postura pobre será fácilmente apuntada: “él es el encorvado, tiene los hombros tan caídos que su cuerpo parece una botella de gaseosa”, alguien podría decir. “Sí, yo creí que había perdido una moneda en el piso y la estaba buscando. Jajajaa”, contestaría otro.

Existen muchas causas probables para una mala postura. Hay personas que nacen con problemas de espalda, pero otras causas de la mala postura pueden considerarse normas sociales. Los chicos jóvenes corren riesgo de desarrollar una mala postura ni bien ponen un pie en la escuela. Todos los días ellos se ven obligados a llevar grandes mochilas con libros y útiles escolares, incluso notebooks, a los establecimientos educativos. Los adultos son proclives a empeorar sus posturas llevando grandes maletines o bolsos al trabajo. Las personas de casi todas las edades, que pasan buena parte del día frente a una computadora o a un televisor, son candidatos seguros a tener una postura encorvada.

¿Qué se puede hacer para mejorar la postura? En primer lugar, recuerda que como ocurre en casi todo los ámbitos, tener una postura adecuada requiere de mucha dedicación y de un esfuerzo consciente. Éstos son algunos consejos para mejorar la postura:

En el trabajo…
• Siempre que sea posible, se debe utilizar una silla ergonómica que se acomode perfectamente a nuestra espalda. Una buena silla ayudará definitivamente a la corrección de la postura y, además, te otorgará una comodidad invalorable durante tu larga jornada laboral.
• Asegúrate de estar sentado/a con la espalda pegada al respaldo y las rodillas al nivel de la cadera. Tus hombros deben estar paralelos a la cadera.
• Estira un poco los músculos de tanto en tanto. Sólo procura que tu jefe no esté espiando.

En el transporte de equipaje…
• A menos que sea absolutamente necesario, intenta dejar algunas de las cosas que llevas habitualmente durante tus viajes para alivianar el peso de tu carga.
• Si usas una mochila, asegúrate de poner los artículos más pesados cerca de la espalda. De esta manera, tendrás un mejor apoyo y evitarás, dentro de lo posible, los dolores de espalda.
• Procura que las manijas y las tiras de tus bolsos y mochilas sean anchas y acolchadas. Esto aliviará un poco la presión sobre los hombros y la espalda.
• El peso de una mochila nunca debe exceder el 15% del peso de la persona que la transporta.
• Utiliza mochilas que tengan tiras para la cadera.

En la vida diaria…
• Evita los zapatos de taco alto. Mientras más cortos sean los tacones de los zapatos, mejor para tu postura. Los zapatos chatos son ideales para la postura de la persona ya que no alteran el centro de gravedad de la persona, y de esta manera no hacen que deba andar con una mala postura.
• Ejercita en forma regular. No hay nada que pueda suplir el efecto beneficioso del estiramiento y el entrenamiento cardiovascular. El ejercicio te ayudará a estar en forma y dará la fuerza necesaria a tu espalda.

Al dormir…
• Evita dormir boca abajo. En cambio, duerme sobre tu espalda o de costado.
• Si prefieres dormir sobre tu espalda, puedes poner una almohada bajo tus rodillas para ayudar a mantener alineada la columna vertebral. Asimismo, esto es bueno para la circulación de la sangre en las piernas.
• Si duermes de costado, coloca una almohada entre las piernas.
• Evita esas almohadas súper grandes y abullonadas. Pueden ser la causa de esos dolores de cuello matutinos.

Desarrollar una buena postura requiere de una alteración del común de las cosas que uno hace a diario. Sin embargo, por más difícil que pueda parecer, vale la pena el esfuerzo: no sólo contribuye a mejorar la confianza en uno mismo, sino que también tiene beneficios desde el punto de vista de la salud.

                                Camina más rápido.

                                                              ¡Camina con confianza!

Las personas caminamos todo el tiempo, pero el hecho es que la mayoría tenemos miedo de caminar. La gente tiende a mirar a la calle (literalmente) en lugar de andar con sus cabezas en alto y mirando a las personas que caminan junto a ti. Algunos irán mirando vidrieras y carteles publicitarios, otros sacarán sus teléfonos del bolsillo y pretenderán estar hablando con alguien, y otros simplemente buscarán algo más que hacer mientras caminan. Todos estos son signos comunes de falta de confianza, y todos se manifiestan durante las caminatas.

Entonces, ¿cómo puede reflejarse la confianza en el caminar? La autoconfianza es la visión que uno tiene sobre sí mismo y sobre sus capacidades. Caminar es una de las tareas humanas más básicas, y generalmente no requiere de ningún esfuerzo consciente. Además, en el caminar el foco ya no está puesto en las ropas y en los accesorios del individuo, y todo tiene que ver con la personalidad. El caminar pinta la habilidad de una persona de desenvolverse en cualquier tipo de situación.

Camina más rápido para construir una imagen
Caminar rápido puede mejorar los niveles de autoconfianza de una persona de varias maneras. Distintas investigaciones señalan que las personas que caminan más rápido son vistas como personas importantes. Al caminar un poco más rápido, un individuo dará la impresión de que está ocupado; que está involucrado en importantes tareas. Se trata de construir la imagen que quieres que los demás vean.

Cuando caminas rápido para transmitir un mensaje de autoconfianza, no debes excederte hasta el punto de parecer en apuros o desesperado/a. Por el contrario, debes llevar un paso rápido pero confortable; despreocupado.

Camina por los beneficios
Dejar una buena impresión al caminar es una cosa completamente diferente a recoger los frutos del buen caminar. La construcción de la imagen puede ser temporaria, pero los beneficios que uno obtiene al caminar duran de por vida.

Distintos estudios han mostrado que al caminar dinámicamente se queman al menos cinco calorías por minuto. Un dato importante: si caminas una milla, quemas 20% menos de calorías que si corres. Esto podría ser un tanto desalentador, y podría hacer que quieras correr en lugar de caminar, pero lo que debes hacer es tomarlo en el contexto de tu vida diaria. La gente suele quejarse de que tiene muy poco tiempo para ejercitar, y justamente ésta es la razón por la que todos deberíamos caminar tanto como nos sea posible.

Cuando alguien ejercita en forma regular, tarde o temprano comenzará a sentir los beneficios de dicha actividad. Por ejemplo, comenzarás a sentirte más relajado/a, tu respiración mejorará y tus músculos serán más fuertes. Ejercitar, asimismo, hace que la mente esté más alerta. Caminar, como una manera de ejercicio, requiere de la coordinación de todo el cuerpo y, en consecuencia, nos da la posibilidad de trabajar todo el cuerpo incluso cuando vamos a hacer las compras.

Al caminar, el oxigeno llega con mayor eficiencia al cerebro, el flujo sanguíneo mejora, y esto hace que tengamos una mente mucho más aguzada. Posiblemente, ésta sea la verdadera razón por la cual caminar en forma rápida puede mejorar la autoconfianza de una persona. Además de construir una imagen para que los demás vean, caminar te hace sentir mejor física y mentalmente, y esto proyecta tus niveles de autoconfianza.

Por otra parte, la caminata como ejercicio no sólo ofrece una multiplicidad de beneficios en el plano físico, sino que también produce un estado de felicidad generado por la producción de endorfinas (hormona de la “felicidad” cuya producción se ve estimulada durante el ejercicio físico).

Hemos hablado de los beneficios de caminar y de la forma en que un simple paseo puede mejorar la confianza que tenemos en nosotros mismos. A continuación, algunos consejos para que camines adecuadamente en vistas a mejorar tu confianza.

• ¡Más rápido!
No está de más repetirlo: un paso rápido hace que los beneficios de la caminata se exacerben. Uno debe intentar en forma consciente incrementar la velocidad de la caminata al menos en un 10%, hasta que llegue el momento en que caminar rápido, para ti, ya no requiera de grandes esfuerzos conscientes. Caminar demasiado rápido te hará ver estresado/a, lleno de pensamientos negativos. No te excedas, o transmitirás una imagen de impaciencia e imprevisibilidad.

• ¡Arriba la vista!
Cuando caminas, no fijes la mirada en las baldosas de la acera o en el gris del asfalto. Procura mantener tu mirada al nivel en que debe estar (a la altura de la cara de las otras personas). Esto te dará la posibilidad de hacer contacto ocular con otros transeúntes. Es una forma no verbal de decir “hola, ¿cómo estás?”.

• ¡Cuidado con los brazos!
Cuando te encuentras caminando, el vaivén natural de los brazos no debe ser restringido ni incrementado. Restringir o acotar el movimiento te hará ver tieso, acartonado (en búsqueda desesperada de un lugar que te haga sentir a gusto) mientras que mecer los brazos en exceso te hará ver un poco… tonto.

• Piensa las cosas
Piensa, luego existe. Procura que tus artículos de mano te permitan caminar en forma confortable. Llevar demasiado peso o llevar artículos de difícil agarre hará que pierdas la velocidad que necesitas en tu caminata.

No es necesario esforzarse mucho para caminar. Sin embargo, andar por la vida con confianza requiere de práctica y devoción. Caminar puede generar muchos beneficios —y a distintos niveles— en la persona que lo hace, sobre todo en términos de autoconfianza. Caminar bien es, a partir de ahora, uno de los nuevos desafíos de tu vida.

            

  
 Francisca  Haro

Acerca de FranceSalcido

Soy una mujer muy feliz, tengo a dios en primer lugar en mi vida, casada con un maravilloso hombre. tengo 2 hermosos hijos.
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